Por desconocimiento, las lesiones benignas son fuente de temor entre los pacientes. Sin embargo, estos bultos o manchas cutáneas no representan una amenaza para la salud, lo que no significa que deban pasarse por alto. Su extirpación es una de las intervenciones más comunes para cualquier especialista dermatologia medica quirurgica.
Si este tipo de lesiones no compromete la salud, ¿por qué es importante su eliminación? En primer lugar, estas alteraciones de la piel son visibles y pueden afectar negativamente a la autoestima de la persona, que decide retirar el tumor por razones estéticas. Ciertas lesiones también generan molestias físicas, lo que justifica su eliminación.
Asimismo, la extirpación de tumores benignos se realiza en muchos casos para prevenir infecciones bacterianas. Por ejemplo, algunos quistes pueden romperse y generar esta complicación para la salud del afectado.
Pero ¿todos los tumores benignos se extirpan? Por frecuencia, son los lunares o nevos, verrugas, lipomas, fibromas blandos y quistes sebáceos los más retirados por expertos en dermatología. Se trata de lesiones que no pasan desapercibidas y que resultan incómodas para el paciente, al presentarse en forma de abultamientos, manchas oscuras o bolsas de grasa.
Respecto a los métodos más utilizados para su extirpación, los tumores benignos pueden sustraerse con bisturí, previa anestesia local de la zona y posterior cierre con puntos de sutura. Concretamente, esta intervención puede hacerse mediante escisión simple o biopsia excisional.
Por su parte, el láser o electrocauterio es un método mínimamente invasivo que permite retirar la neoplasia benigna con precisión. Esta terapia emplea una luz intensa y focalizada en el tumor para quemarlo y eliminarlo, sin dañar los tejidos sanos a su alrededor.
En los últimos años, la crioterapia ha cobrado protagonismo en este tipo de intervenciones. Consiste en aplicar nitrógeno líquido a la zona afectada, con el fin de secarla, destruirla y favorecer que sea absorbida de forma natural.