Descubriendo la libertad: Visitar playas nudistas en Galicia

Para Teresa, viajar siempre había sido una forma de reconectar consigo misma, pero fue durante un verano en Galicia cuando descubrió una experiencia que superó sus expectativas: visitar playas nudistas. No lo había planeado, ni siquiera lo tenía en mente. Fue una recomendación espontánea de un amigo local lo que la llevó a explorar un lado más libre y natural del litoral gallego.

Galicia, con su costa escarpada, sus calas escondidas y su naturaleza salvaje, ofrece el entorno perfecto para quienes buscan algo más que sol y arena. Teresa pronto descubrió que aquí el nudismo se vive con respeto, discreción y un profundo vínculo con el paisaje. Las playas nudistas no están marcadas con grandes señales ni rodeadas de comercios turísticos. Son espacios tranquilos donde el cuerpo se siente en paz, sin juicios ni miradas invasivas.

Su primera experiencia fue en Baroña, una playa cerca de Porto do Son, rodeada de ruinas celtas y monte bajo. El entorno era tan impresionante que el hecho de estar desnuda dejó de ser importante; lo que sentía era una profunda conexión con el mar, el sol y la tierra bajo sus pies. Allí, como en muchas otras playas nudistas gallegas, se respira un ambiente relajado, donde cada persona disfruta a su ritmo, sin necesidad de palabras.

Más tarde, visitó Figueiras, en las Islas Cíes, también conocida como “la playa de los alemanes”, famosa por su arena blanca y su aislamiento. El acceso, tras una caminata, hacía que el lugar se sintiera todavía más especial. El agua era fría, sí, pero también limpia, revitalizante. Teresa entendió que el nudismo en Galicia no es solo una cuestión de piel al aire, sino una forma de vivir el mar con sencillez y autenticidad.

Con el paso de los días, cada playa nudista visitada —como Arealonga, en O Vicedo, o O Vilar, en Ribeira— se convirtió en un espacio de libertad personal. No se trataba de una moda, ni de una provocación, sino de una elección consciente de estar en armonía con uno mismo y con el entorno.

Visitar playas nudistas en Galicia fue, para Teresa, una revelación inesperada. Un recordatorio de que la belleza del paisaje se potencia cuando también se abraza la propia. Y que, en el norte del Atlántico, la libertad puede tener forma de ola, de arena… o de piel al sol.