Mi proyecto de madera en Silleda

Siempre he sentido fascinación por la madera. Me transmite algo cálido, natural y duradero que pocos materiales consiguen igualar. Cuando surgió la oportunidad de construir una pequeña estructura en una finca familiar en Silleda, no lo dudé: quería que fuera de madera. No buscaba solo funcionalidad, sino también belleza y conexión con el entorno gallego, donde los bosques y el olor a eucalipto y pino forman parte de la vida diaria.

La idea inicial era levantar un cobertizo sencillo, pero a medida que me iba informando, me dejé llevar por las posibilidades. La madera no solo servía para algo práctico, también podía convertirse en un espacio acogedor, con carácter y personalidad. Empecé a imaginar una estructura que pudiera usarse como refugio, zona de descanso y hasta lugar de reunión con amigos.

Buscar a los profesionales adecuados para hacer estructuras de madera en Silleda fue mi primer reto. Aunque tengo cierta maña con las herramientas, sabía que levantar una estructura sólida requería experiencia y conocimientos que yo no tenía. Después de hablar con carpinteros y constructores locales, me di cuenta de que la tradición de trabajar la madera en esta zona sigue muy viva. Muchos me enseñaron proyectos anteriores, desde pérgolas hasta casas enteras, y me sorprendió la creatividad con la que combinaban técnicas tradicionales y soluciones modernas.

Una de las decisiones más importantes fue elegir la madera. Me hablaron de la resistencia del castaño, de la nobleza del roble y de las ventajas del pino tratado para exteriores. Al final opté por una mezcla, buscando equilibrio entre durabilidad y coste. Me gustó especialmente que la mayoría de proveedores apostaban por madera local, algo que me hizo sentir parte de un ciclo sostenible.

Ver cómo poco a poco la estructura cobraba forma fue una experiencia increíble. El sonido de las sierras, el olor a madera recién cortada y el trabajo conjunto con los artesanos me hicieron valorar aún más el oficio. Cada viga colocada era un paso más hacia un sueño tangible.

Hoy, cada vez que me siento bajo ese techo de madera en mi finca de Silleda, pienso en todo lo que aprendí. No solo construí una estructura: construí un lugar lleno de significado, que me conecta con mis raíces y con la tierra que me vio crecer. Y sobre todo, descubrí que la madera no es solo un material, sino un modo de vida.